«Las ganas de vivir del pueblo palestino son incontenibles»

GARA. 02-04-2002
TESTIMONIO – Fermin MUGURUZA, músico vasco miembro de una delegación internacional

Cerca de cuarenta personas llegadas de distintos puntos de Europa y de Brasil lograron romper el cerco que ha impuesto el Gobierno israelí al presidente palestino en Ramala. Entre ellas se encuentran dos vascos, el músico Fermin Muguruza y el sindicalista Paul Nicholson, que sigue presente en la sede presidencial palestina tratando de evitar que la fuerza ocupante acabe con la vida de Arafat. Ambos han relatado a GARA una experiencia de desobediencia civil que ha dado la vuelta al mundo, mientras los gobiernos del planeta se muestran incapaces de hacer cumplir lo que han votado en Naciones Unidas.

Con el cansancio propio de quien está agotado tras cuatro días de máxima tensión entre los tanques y francotiradores israelíes y de esfuerzos para romper el cerco impuesto por el Gobierno de Ariel Sharon al presidente Arafat y a todo el pueblo palestino, Fermin Muguruza relata a GARA desde Jerusalén Oriental sus vivencias en una experiencia de desobediencia civil que ha dado la vuelta al mundo. Habla apresuradamente en el mismo euskara con el que se comunicó con el otro ciudadano vasco presente en la ciudad de Ramala durante una singular movilización de personas solidarias llegadas de Europa, personal sanitario palestino y ambulancias que intentó, y logró, romper el aislamiento que pretende Sharon.

«Vengo de Ramala. Hemos llegado al mediodía. Hemos dado una rueda de prensa para denunciar lo que hemos visto y vivido estos días y ahora, después de comer, ya más tranquilos, le damos vueltas a todo», comienza su relato.

En la rueda de prensa manifestaron que «otra Europa está en marcha, la Europa de la solidaridad, la Europa de los pueblos». El mensaje que llevaban en sus distintivos amarillos es el mismo que se expresó en Génova, Praga, Barcelona y otras citas internacionales, «que otro mundo es posible».

Muguruza viajó a Palestina la semana pasada con el grupo internacionalista italiano Disobedienti Ia Basta, con el que ya viajó anteriormente a El Salvador, México… Mientras el músico, que tenía previsto ofrecer tres conciertos con el grupo napolitano 99-POSE en Jerusalén, Belén y Ramala, lo que no ha sido posible, relata su experiencia, todos los comercios de la parte árabe de Jerusalén están cerrados debido a la huelga general convocada para rechazar la ocupación israelí.

Su breve recorrido de ayer por Al Quds es la parte más turística de un viaje que, si no ocurre nada imprevisto, continuaría poco después de la pasada medianoche con el traslado al aeropuerto, donde sabe que será sometido a un interrogatorio de dos horas por parte de las fuerzas israelíes. Por si acaso, le han recomendado que llegue al aeropuerto cinco horas antes de que parta el avión que le ha de conducir a Roma. «El domingo por la noche nos llamó al hotel el cónsul italiano para decirnos que los israelíes nos iban a detener. Pasamos toda la noche sobresaltándonos cada vez que oíamos llegar a un tanque», manifiesta.

Los israelíes tienen la lista de los nombres de todos los europeos que han osado romperles los planes. Sólo de Italia partieron unas 200 personas a Palestina y en Jerusalén se reunieron con solidarios llegados de otros países hasta alcanzar la cifra de 600. Sin embargo, sólo 40 pudieron llegar el viernes a Ramala, horas después de que el Ejército israelí diera comienzo al asalto de la Munkata, los cuarteles generales del presidente Arafat en Ramala.

El viaje desde Jerusalén hasta Ramala fue una muestra de la odisea que han de soportar los palestinos cada día. El primer intento de atravesar los check-points (controles israelíes) fue nulo. Lo intentaron en grupo y se hallaron con una negativa rotunda. «Por ahí era imposible pasar. Estaba todo militarizado, lleno de tanques, tanquetas… Recibimos entonces una llamada de la Autoridad Nacional Palestina desde Ramala y tuvimos que cambiar todos los planes. El objetivo era llegar a la ciudad de modo que la presencia de los extranjeros pudiera evitar la masacre».

«Hicimos grupos más pequeños, de diez personas, para poder sortear los controles. En todo momento algún palestino nos servía de guía. Sólo pudimos pasar el primer control en una furgoneta. A partir de ahí tuvimos que seguir a pie, por campos de refugiados, por montes, vigilando siempre que no hubiera francotiradores esperándonos. Por Kalandia llegamos al final a Ramala».

El grupo más grande que logró llegar a la ciudad se alojó en un hotel. Eran unos veinte, casi todos franceses, entre los que estaba la delegación de Vía Campesina, en la que estaba Nicholson, y la de Action For Peace, además de miembros del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil y alemanes. Los israelíes plantaron un tanque delante del establecimiento.

El grupo italiano en el que iba Muguruza llegó más tarde. «Queríamos llegar al hotel para reunirnos todos y decidir qué hacer. Llegamos sin demasiados problemas al hospital, pero era imposible pasar porque había un enorme enfrentamiento armado en el camino. Nosotros estábamos en unas calles completamente vacías debido al toque de queda. Llevábamos una bandera blanca y procurábamos estar bien visibles, en el medio de la calle. Los francotiradores estaban en los tejados y los blindados patrullando. Era estremecedor. Finalmente los palestinos nos refugiaron en un albergue». Ahí pasaron toda la noche del viernes, en una zona con continuos tiroteos y explosiones, sin pegar ojo. A las siete de la mañana del sábado volvieron a salir con la bandera blanca y pudieron llegar al hotel. «Nos pedían llevar medicamentos para atender a los numerosos heridos que había en Munkata y baterías para los teléfonos móviles. Dijeron que sólo nosotros podríamos lograrlo». Y volvieron al hospital, donde todos donaron su sangre para paliar la terrible carencia que padecen los centros sanitarios palestinos como consecuencia de la ocupación israelí. Tenían camisetas identificándolos como protectores civiles de los palestinos.

Cinco médicos palestinos, un diputado verde italiano y José Bové encabezaron la comitiva solidaria que partió desde el hospital. Detrás, hechos una compacta piña, todos los demás. «Ibamos hacia el centro de la ciudad en medio de ráfagas israelíes para ahuyentarnos y de temibles tanques». Cuando llegaron a la plaza Al Manara, donde recientemente los israelíes mataron a un periodista italiano, hallaron a toda la prensa internacional presente en la ciudad grabando su avance. Todas las cámaras de fotos y de televisión, desde la CNN hasta Al Jazeera, recogieron la imagen de la singular movilización, en la que se oía árabe, italiano, francés… y euskara.

«Los periodistas se nos pusieron delante. De hecho, se convirtieron en la cabeza de la marcha. Aquello era muy goloso para ellos, un pequeño grupo desarmado en medio de aquel despliegue de fuerzas de uno de los ejércitos más poderosos de la Tierra. Los soldados no sabían qué hacer. Nosotros seguíamos andando y los periodistas grabando. Después de atravesar la plaza, llegaron los miembros de la Media Luna Roja, que se pusieron rodeando al grupo. Además, cerca de diez ambulancias se sumaron a la que nos acompañaba, cerrando la marcha. Veíamos que la gente nos observaba desde sus casas y algunos nos hacían la señal de la victoria. Fue un momento indescriptible, emocionante. Ibamos Paul, con toda su corpulencia, y yo, escuchando todos los consejos que circulaban entre nosotros en todos los idiomas». Cuando llegaron a la Munkata, se acercaron los soldados, ellos también tomando precauciones. «Explicamos que íbamos a llevar los medicamentos. Dijeron que no. Pusieron un tanque apuntándonos. Pero no quebraron la firmeza del grupo y tras una negociación logramos que aceptaran la entrada de una ambulancia con una pequeña delegación: el diputado italiano, Bové, un médico y un francés. Pudieron estar con Arafat, mientras el resto esperó fuera durante tres horas.

«En las ciudades ocupadas no se ven coches. En cuanto un tanque ve uno, lo aplasta, dejando un espectáculo increíble, símbolo de una humillación sin par», reflexiona en torno a lo que vio durante la espera. Finalizada la visita, regreso al hotel.

También han podido comprobar que la población palestina subsiste con muy escasos alimentos. Durante estos días el arroz ha estado presente en todas las comidas, una diaria, acompañado por guisantes, por zanahorias o por una especie de cus-cus. Escasez de agua y suministro eléctrico interrumpido por los israelíes cada vez que querían. Es la ocupación.

«El domingo nos plantearon repetir el viaje para que algunos se quedaran dentro a modo de protección. Temían por la vida de Arafat, el líder de todos los palestinos hoy más que nunca. Nosotros escuchábamos las declaraciones de Sharon y decidimos dividirnos en grupos: uno a Munkata, con la idea de quedarse dentro una parte, y otro al hospital». Bové fue detenido, junto a otras personas, tras salir de Munkata. Ayer fue expulsado por los israelíes.

No puede evitar cierto sabor amargo, porque en esos días han hecho muchos amigos de los que se hacen en situaciones extremas. «Estando allí me vino uno de ellos llorando, destrozado, porque acababa de enterarse de que habían matado a un ser muy querido». –

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