Sábado 8 de junio de 2002 18:00 h
Bilbo (Euskal Herria)
Convoca: Personas torturadas y familiares de las mismas
Quienes realizamos el llamamiento a esta manifestación somos personas que hemos sido torturadas y familiares de personas que han sido torturadas a lo largo de estos últimos meses. Hemos conocido las torturas más salvajes y aterradoras, y hemos sido protagonistas de las mismas en contra de nuestra voluntad. Muchos hemos sufrido las torturas en nuestras carnes y otros muchos hemos evidenciado las graves secuelas de la tortura en la mirada y en los cuerpos de nuestros familiares. Somos 75 las personas, los ciudadanos y ciudadanas vascos detenidos por motivos políticos en Euskal Herria y en el Estado español quienes hemos denunciado haber sido víctimas de la tortura desde septiembre del año pasado hasta hoy.
Creemos que podemos hablar de la reaparición salvaje de la tortura. Somos testigos de esta cruda realidad puesto que fuimos enterrados en ese infierno. Además de confirmar la reaparición salvaje de la tortura, queremos subrayar el hecho de que esta práctica es sistemática. Todos los cuerpos policiales han torturado; de un modo u otro, con diferentes métodos e intensidad, pero todos ellos han violado los derechos fundamentales de las personas detenidas así como las garantías procesales. Casi todas las personas detenidas por motivos políticos hemos denunciado las torturas.
Unido a esto, el hecho de que el componente sexista se manifieste con tal crueldad pone de manifiesto la degeneración de los torturadores y la falta de escrúpulos de quienes permiten esta práctica.
La tortura ha sido una experiencia muy dolorosa. Difícilmente podríamos exponeros mediante palabras las vivencias de esos días, lo que sentimos las víctimas directas de la tortura o cómo sufríamos quienes teníamos un familiar en manos policiales en la más absoluta de las indefensiones. Fueron días duros, muy duros, y aún no hemos podido superar las consecuencias y secuelas de lo sufrido. Las secuelas físicas y psíquicas perduran, y la duda que tenemos es si esas secuelas llegarán a desaparecer algún día.
La tortura, sin embargo, es algo que se puede evitar. Si en pleno siglo XXI esta realidad existe en Europa occidental es porque hay voluntad para ello. La tortura no es algo que sucede por casualidad, no son hechos aislados provocados por cinco o seis personas. Cualquier gobierno tiene los instrumentos para cortar de raíz estas prácticas. Si el Gobierno – en este caso el del Estado español – quisiera, la tortura desaparecería de inmediato. Si el Gobierno no concediera indultos a los torturadores, si en vez de protegerlos denunciara a los policías implicados en casos de tortura, si los jueces denunciaran lo que ven, si en vez de castigos testimoniales estos fueran ejemplarizantes… la tortura hace tiempo que habría desaparecido.
Además la tortura es posible porque existe una legislación que la posibilita. Incomunican a las personas detenidas, no se permite actuar a los abogados designados por sus familiares, trasladan a las personas detenidas fuera de Euskal Herria mientras dura la incomunicación, las ponen en manos de jueces desconocidos y agresivos. Y todo eso es legal.
Pero no son sólo los gobiernos quienes posibilitan la existencia de la tortura. El silencio de la sociedad también posibilita la tortura. La mayoría de agentes vascos rechazan la tortura. Las instituciones, los partidos políticos, los sindicatos, los organismos populares, los agentes culturales, las personas a título individual, todo el mundo condena la tortura. Y estamos convencidos de que es un rechazo sincero, que el rechazo que todos muestran es real. Pero los problemas surgen a la hora de la adopción de medidas eficaces. Problemas que surgen por varias razones y seguro que una de ellas es la crueldad del tema. Es dolorosa la tortura. El solo hecho de pensar que existe nos produce dolor, nos infunde terror. Pero, la ceguera es más cómoda a veces. A menudo la tortura se convierte en tema tabú, nos bloquea.
La actitud del avestruz no sirve para nada. Todos podemos hacer algo para erradicar la tortura, todos tenemos algo que aportar. La sociedad debe de decir bien alto que no admite la tortura y que está dispuesta a dar pasos para ello. No es un tema que pueda esperar. La tortura es un vergonzante indicador de la calidad democrática de esta sociedad de que somos parte y que en cierta medida nos ensucia a todos y todas. No hay justificación para la tortura, no hay ni un solo argumento que la justifique. Debe desaparecer, para siempre y con la garantía de que no vuelva a rebrotar. Precisamos de coherencia, sin eufemismos y adoptando las medidas que la gravedad de la situación exige.
Cualquiera que esté contra la tortura tiene la oportunidad de dar junto a nosotros el primer paso en la manifestación que convocamos. Porque no se puede esconder la cabeza, porque la tortura nos salpica a todos, todos a la calle. Nosotros y nosotras hemos sido torturados,en los últimos ocho meses 75 personas han sido torturadas, y no se puede olvidar que cualquier persona puede ser la siguiente en sufrir esta crueldad.
