Una juez investiga la muerte de un colombiano en un calabozo policial

EL PAIS. 10-10-2002
Otro detenido asegura que el fallecido, diabético, estuvo pidiendo auxilio durante tres horas.
Madrid
La titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Madrid ha abierto diligencias por la muerte de Iván Darío Marín, un inmigrante colombiano de 39 años que murió en los calabozos de la comisaría de Centro el pasado 20 de septiembre. Un compañero que estuvo detenido con la víctima, Sigifredo Estrada, declaró que el fallecido y él mismo estuvieron pidiendo auxilio durante más de tres horas, sin que los agentes que les custodiaban les hicieran caso. Marín era diabético y necesitaba insulina. La Jefatura Superior de Policía asegura que nadie les solicitó auxilio médico.

Marín fue detenido a las 3.00 en la calle de la Luna, junto a la plaza de Santa María Soledad Torres Acosta, acusado de un supuesto delito de tráfico de estupefacientes. En el arresto, los agentes le aprehendieron droga. Ya en comisaría, le leyeron sus derechos, que incluye el ser reconocido por un médico. El detenido lo rechazó, por lo que fue llevado a los calabozos, según la Jefatura Superior de Policía. 'Nada más entrar, comenzó a sentirse mal y a decir que se iba a morir. Comencé a pedir auxilio, sin que nadie nos hiciera caso', explica Sigifredo Estrada, que había sido detenido junto a Marín. 25 minutos después, un policía les bajó un zumo y galletas.

Marín sufrió supuestamente una bajada en el nivel de azúcar en sangre y empeoró a pesar de los alimentos que acababa de ingerir. Según Estrada, Marín pasó de los lamentos a sentir convulsiones y frío espasmódico ante la falta de insulina [hormona que regula la cantidad de glucosa en la sangre y que, en extracto, se emplea contra la diabetes].

'Me voy a morir'

Dos policías habían bajado para comprobar el estado de los presos y, cuando los dos detenidos les pidieron ayuda, un agente les dijo que se fueran 'a tomar por culo'. Marín se acercó a la reja, tembloroso y desencajado: 'Por favor, agente, consígame insulina o atención médica, que me siento muy mal'. Su compañero recuerda que 'no paraba de decir: 'me voy a morir, me voy a morir…'. De repente cayó al suelo y no se movió nada'. Entonces, el policía apagó la luz. 'Se me murió en mis brazos, sin que yo pudiera hacer nada más. Por más que pedimos ayuda y que le trajeran insulina, pasaron de nosotros', se lamenta Estrada.

A la mañana siguiente, cuando los policías encendieron la luz, el fallecido tenía los ojos abiertos y los brazos amoratados. Un policía, 'en tono despectivo', se dirigió a Estrada y le preguntó: 'Y éste, ¿qué?'. 'Fue cuando lo vi muerto y lo único que hice fue cerrarle los ojos'. El policía le dió patadas en las piernas. 'Respete al finado, señor agente', se quejó Estrada. '¡No está muerto; está inconsciente!', contestó el policía. 'Inconsciente usted, que lo dejó morir', replicó Estrada.

Los policías avisaron al Samur, cuyos facultativos certificaron la muerte. Después, llevaron a Estrada a otra celda y avisaron a la juez de guardia. El detenido se dirigió a ella y, 'ante la sorpresa de los policías', le dijo que Marín y él habían golpeado los barrotes y habían gritado durante horas para pedir atención médica, sin que nadie les hiciera caso. 'La juez se quedó muy sorprendida y preguntó si había alguien más en la celda. Desde ese momento no he parado de recibir amenazas de los policías de Centro', afirma Estrada. Éste asegura que Marín y él estaban solos en la celda.

Marín había conseguido en abril su permiso de residencia y trabajo. Según Estrada, era técnico de sistemas, pero perdió su trabajo en Medellín (Colombia). Con el dinero de la liquidación, llegó a España en 2000. Comía en centros de caridad y mandaba sus ahorros a Colombia.

Según un portavoz de la Jefatura Superior de Policía, Marín fue arrestado y llevado a la comisaría de Centro, donde no dijo que fuera diabético. Su aspecto de salud era normal, según el portavoz. Sobre las 4.05 fue llevado a los calabozos.

A las 7.05, le llevaron el desayuno, que consistió en dos yogures, dos zumos de fruta y galletas. El detenido, según la policía, no dijo que se encontrara mal o que precisara tratamiento médico. A las 7.30 se efectuó el relevo del personal que vigila los calabozos. Las celdas fueron revisadas, sin que los agentes vieran irregularidades. Fuentes policiales señalaron que en la celda había otros tres detenidos españoles, que han declarado que ninguno de ellos oyó a Marín quejarse.

A las 9.30, la encargada de la limpieza comenzó a asear las celdas. Cuando llegó a la de Estrada y Marín, halló a éste fallecido. Marín ya fue detenido en agosto acusado de tráfico de drogas.

La autopsia de Marín no ha aclarado las causas exactas de la muerte y el forense ha enviado muestras de las vísceras de la víctima al Instituto Nacional de Toxicología, informa José Antonio Hernández. La juez tiene previsto llamar a declarar a los policías que vigilaron la noche del 20 de septiembre los calabozos de la comisaría de Centro.