Skinheads que defienden a peruanos, mapuches y travestis

Diario Las Últimas Noticias. 14-07-2002
La gente piensa que son racistas, pero ellos ayudan a las minorías más discriminadas. Recrean a niños inmigrantes y borran los rayados xenófobos, pero también reivindican la violencia y donde ven un nazi lo golpean sin piedad.

Algunos prefieren cubrir su rostro. Dicen que “nuestras acciones provocan mucho odio entre los fachos”.Las ciencias políticas han hecho que la personalidad de Pablo tienda a ser reflexiva. No habla por hablar ni sufre arrebatos de cólera, pero pónganle un nazi al frente y verán su giro brutal hacia la violencia. Su cabeza rapada, una abrigadora fly jacket (chaqueta de piloto de guerra) y los bototos con punta de fierro, completan la identidad de un joven skinhead que alterna los estudios con su banda de música y el incondicional apoyo a las minorías más discriminadas. Aunque comúnmente la gente asocia su cabeza rapada al movimiento neonazi, Pablo y su grupo están en el extremo opuesto: dan desayunos a niños peruanos, borran rayados racistas, y defienden a travestis. Pero ojo, que hacer un “trabajo social” no los iguala al Hogar de Cristo, porque allí donde ven un nazi lo golpean sin piedad, con lo que tengan a mano.

Pablo, Fernando, Sebastián, Jano y Gabriela, forman parte del colectivo Rash-Sharp Santiago, una organización que completó un año ayudando a las minorías. Fernando integra además el grupo musical “antifascista” Curasbún, el mismo que fue atacado por neonazis en Valparaíso.

Los skinheads se preocupan de borrar los rayados xenófobos del barrio Yungay.Pese a lo violento del incidente, prefiere no hablar de víctimas ni victimarios: “No queremos quedar como los pobres niñitos golpeados y no acusamos a nadie, porque nuestra naturaleza también es violenta. No somos seres sumisos. No andamos poniendo la otra mejilla”.

En todo caso, Fernando explica que los colectivos antifascistas son mucho más que buscar nazis para pegarles. Aunque reconoce que los territorios están marcados, que “se ganan por la fuerza” y que “si pillamos a un facho le damos”, cuenta que el trabajo que el año pasado empezó la Coordinadora Anti Racista (CAR), donde participan los skinheads y otras agrupaciones, se orientó a la inserción de la comunidad peruana.

La labor se concentró en el barrio Yungay, donde aparecieron rayados xenófobos que fueron borrados por estos skinheads. En ese tiempo se consolidó una actividad dominical de recreación para niños inmigrantes y chilenos. Fernando recuerda que “hasta los llevamos a pintar un mural del Combate Naval de Iquique”.

Rodolfo Noriega, dirigente del Comité de Refugiados Peruanos de Santiago, reconoce el trabajo de los cabeza rapada: “Eran bien útiles los encuentros culturales, porque había integración real”.

Pablo toca en Criminal Skin, otra banda que difunde el espíritu del movimiento. Dice que sus actividades son “panfletear, borrar rayados racistas, ayudar en marchas, apoyar la causa mapuche y las huelgas de los portuarios. Estuvimos contra la cumbre del BID y el encuentro del Grupo de Río y trabajamos con presos políticos”.

Cuenta Fernando que “al comienzo la gente nos mira desconfiada. Es típica la pregunta: ¿tú soi nazi?”. “Antes en las marchas la gente preguntaba ¿y qué hacen acá los nazis?, pero ya no’’, coincide Sebastián. “Ahora el colectivo es más que marchas, funciona todo el año, con las tardes para los niños inmigrantes y chilenos, que hasta batucada les hicimos. El resto es panfletear y pelear desde la clase obrera”. “¡Paz entre los pueblos y guerra entre las clases!”, interrumpe Gabriela, una de las pocas skingirls (ver recuadro).

Historia Skin

El movimiento skinhead multirracial se originó en Inglaterra a fines de los 60, cuando los inmigrantes Rudeboys jamaiquinos y los Mods británicos se reunieron en torno a la música. Tanto europeos como caribeños reivindicaban en sus canciones las luchas obreras de la época. Los Rudeboys aportaron los ritmos reggae y ska, mientras que los Mods hicieron predominar la vestimenta con suspensores y bototos. Las cabezas rapadas son herencia de los jóvenes jamaiquinos.

Diez años después se produjo el quiebre que dio origen a los nazis de cabeza rapada, cuando el Frente Nacional inglés, de tendencia nacionalsocialista, reclutó a las bandas Mods más marginales convenciéndolas de que los inmigrantes les quitaban los empleos.

En Chile los skinheads antifascistas (Sharp, contra los prejuicios raciales, y Rash, anarquistas y de izquierda) se agruparon desde 1987 y según sus propios cálculos suman unos 670 integrantes. Desde Antofagasta, Roberto confirma que “acá ya somos nueve”. En la capital se concentran en Maipú, Cerro Navia, Providencia, Santiago, Ñuñoa y Recoleta. En provincias, las ciudades con más presencia son Puerto Montt, Valdivia, Talca y Temuco.

“Seguiremos respondiendo”

Los activistas de Santiago producen su propia música, fanzines (boletines) y con autogestión financian su “trabajo social”. Con 50 miembros activos, Fernando y sus muchachos están alerta a defender a las minorías de cualquier ataque o discriminación. “El año pasado los fachos andaban matando travestis y drogadictos. Les pegan a los inmigrantes y nosotros vamos a seguir respondiendo”, amenaza. Dentro de poco, advierte, tendrán que contactarse con argentinos que han venido en busca de trabajo, porque “no van a faltar los que digan que vienen a quitarnos la pega, cuando es el empresario el que en verdad te echa”.

RASH-SHARP Santiago de ChilePara Jano, la experiencia con los peruanos “ha sido enriquecedora. Es gente oprimida, igual que nosotros”. Y como dice Fernando, en territorio skinhead “caben todos, menos neonazis. Ya ni se aparecen, pero estamos conscientes que en cualquier momento tendremos que pelear. ¿Si podemos vivir juntos nazis y skinheads? No. Es como los que creen en la paz Israel-Palestina”.

La orgullosa skingirl

Gabriela es una de las pocas mujeres que participa en los colectivos organizados en Santiago. “¡Mejor si hay minas!”, bromea Sebastián. Ella parece clara en sus principios, habla de la unidad entre los pueblos como bandera de lucha y dice que está “orgullosa de ser skinhead y no bonehead (cabeza hueca, como llaman a los nazis). Acá todos somos personas y no importa lo que andís trayendo debajo de los pantalones”. Viste ropa oscura, no usa la cabeza rapada, pero se distingue a la distancia su identidad skin.

-En Chile se tiende a sobreproteger a las mujeres. ¿Cómo lo hiciste con tu familia?

-Es que mi vieja siempre me enseñó a pensar. Yo no soy de la cultura chilena que le dice no a todo. Pienso antes y no hago las huevás porque sí.